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sábado, 3 de diciembre de 2016

PINTAS DEL TORO DE LIDIA (2):

CÓMO IDENTIFICAR PELOS COMPUESTOS Y ALGUNOS ACCIDENTALES

Aprovechando el invierno vamos a continuar la serie de pintas del toro de lidia que empezábamos aquí. Avisamos ya de que es una entrada sólo para los acérrimos aficionados al toro de lidia. Si usted es amante del toro sin más, mejor no siga leyendo porque le vamos a marear más de lo reglamentario (eso sí, vaya bajando con el cursor para recrearse en las estampas que encontrará, todas sin fundas, por supuesto, ya que aquí no humillamos a este bello animal).

Con un poco de interés se podrían evitar errores de bulto como los que menudean en Vic, por ejemplo calificando este cebadita como 'cárdeno mosqueado' -recuerden nuestra crónica aquí con un Vilches toreando como toreaban todos antes-:



O los de Las Ventas, que también navegan a veces, como cuando calificaron este toro de Parladé como 'burraco':



Ambos son carboneros, el de Madrid, además, capirote, botinero y ojalado. En aquel primer capítulo intentábamos aclarar algunos de los pelos compuestos que dan lugar a confusión, especialmente los salpicados, nevados y mosqueados. Continuaremos aquí con otros parecidos. Fíjense en el titular porque nosotros preferimos usar el término más correcto que es 'pinta' y no los más vulgares de 'pelo', 'pelaje' o 'capa'.

A ver cómo calificamos la pinta de este toro:



Nosotros seguimos una norma no escrita. Consiste en pensar que un amigo que no está viendo el toro, tiene una paleta de colores para pintarlo según lo que le digamos. Tendremos que describir el toro que él no ve de manera que lo pueda pintar y que le quede casi igual (por eso en las capas simples no hay mayores problemas).

En el caso del toro anterior, diríamos que es castaño albardado, bragado, meano corrido, bociblanco y lavado de cara. Lo de 'lavado' es sinónimo de 'desteñido'. No se suele usar para la cara pero en los castaños da lugar a confusión porque no podemos decir 'lucero' o 'careto', ya que eso son siempre manchas blancas. Por eso, en estos casos nosotros usamos lo de 'lavado de cara' y nuestro amigo pintor ya deduce que, siendo castaño, la cara será oscura y la mancha roja. Nos parece más ilustrativo que 'carinegro'.

En cambio fíjense en éste cuya ganadería no hemos podido identificar pero sabemos que nuestro amigo Christophe lo retrató en Illumbe para recortes:



A nuestro pintor le diríamos: castaño salpicado, bragado, meano corrido, axiblanco, gargantillo, careto, ojalado, bocidorado, girón y calzado de atrás. Seguro que lo pintaría bastante parecido ¿no creen? A esa peculiar mancha blanca de la cara que no termina de ser del todo triangular, los argentinos la denominan 'malacara'. Y ellos concretarían que las manchas blancas en las patas traseras son 'principio de calzado' porque no llegan a la cuartilla (luego tienen el 'calzado' -cubriendo la cuartilla-, 'calzado alto' -toda la caña- y 'calzado con botas' -por encima de la rodilla o del corvejón-). Incluso tienen un nombre que en España no contemplamos para definir esta rara mancha encima de la pezuña, vean:




Lo llaman 'corona blanca' porque los pelos blancos no llegan a tocar con la pezuña. Es un precioso toro de 'Los Majadales', encaste Vega-Villar, recuerden que hablábamos tristemente de ellos aquí porque acabaron todos en el matadero (éste de la foto se lidió poco antes para recortes en Tafalla).

No obstante, hay alguna vez en que nos vemos obligados a vulnerar las normas y a inventarnos una calificación aparentemente incongruente. Por ejemplo, cuando definimos este becerro de Calejo Pires como ensabanado, mosqueado, bocidorado y lucero ¡en colorado!



Y ¿qué decir de la mancha que presenta esta vaca de Fernando Palha? 




Salvo que alguno de ustedes me rectifique, no tenemos un término en España para definirla adecuadamente como no sea el de 'semicareto'. De nuevo los argentinos, grandes maestros en la clasificación de pelajes del vacuno, lo solucionan diciendo que sería 'cara overa'.

No hagan excesivo caso de la disposición oficial del BOE que pueden leer aquí bajando hasta el anexo II. No sabemos quién la redactó pero hay cosas que no compartimos. Por ejemplo, no figura 'coletero' ni 'capuchino'. Además, discrepamos con la definición de 'zaíno' y también con las que, en nuestra modesta opinión, son incompletas como la de 'lavado' (no habla de la cara) o la de 'acaramelado' (no contempla los toros negros porque ya saben que el adjetivo se refiere al color de las astas y no a su forma, como suelen decir equivocadamente por televisión y en casi todas partes).

Veamos cómo definirían ustedes esta pinta (Fernando Palha):



Castaño berrendo, aparejado, botinero, ojinegro y bocidorado. Tiene que ser hermano de éste de abajo, más corniapretado. La única diferencia es que es bociblanco (no discutiremos si alguien optase por decir 'castaño aldiblanco' ya que por la parte superior parece íntegramente castaño):



¿Se han fijado en que hemos escrito 'castaño berrendo' y no 'berrendo en castaño'? Siempre hemos seguido a los autores antiguos cuando ponían en primer lugar el color predominante, cosa que hoy no hace nadie y que es fundamental para que nuestro amigo pintor, que no ve el toro, pueda combinar bien la pinta. Vean éste que sí es berrendo en castaño porque predomina el blanco:



Es de Sobral. Sería además capirote, lavado de cara, bociblanco, ojalado, alunarado, botinero y ligeramente carbonero. A nuestro modesto entender, no acaba de ser ensabanado porque las manchas castañas son demasiado grandes. El novillo de abajo es un hermano muy parecido:



Pero habría que añadir facado y bocidorado. Observen que decimos 'botinero' a pesar de que las 'botas' son castañas. No hay problema porque lo de 'botinero' se aplica cuando las patas son simplemente más oscuras que el resto (es curioso que se dice 'botinero' y, en cambio, es preferible decir 'bocinegro' en lugar de 'bocinero'). En este ensabanado de Murteira, no hay duda:



Añadiremos que es capirote, ojalado, caribello y mosqueado más que alunarado. Creemos que hay una laguna en los accidentales y es que se centran siempre en la cola con pelos blancos, ya sea coliblanco, rabicano o rebarbo. No se dice nada de un hipotético 'rabinegro' o 'rebarbo en negro', que sería lo aplicable a éste de Murteira. A continuación, un novillo de Cebada muy parecido aunque cambiaríamos lo de 'mosqueado' por 'alunarado':



Aquí tenemos un berrendo en negro de Sánchez Cobaleda, lucero y capuchino:



Y aquí un negro berrendo de Barcial, lucero y ligeramente remendado (los lectores de Castilla la Vieja habrán oído cómo a las reses berrendas se las denomina por allí 'jardas'):



¿Cómo calificamos este toro de Osborne para que lo pinte correctamente nuestro amigo?



Ensabanado, capirote, caribello, botinero y alunarado ¡en castaño! Por cierto, en Osborne sale a veces esta pinta rarísima, a ver si coincidimos:



Ensabanado, capirote ojo de perdiz y alunarado ¡en colorado!

Acabamos los castaños con esta maravilla de Sobral, a ver si coinciden con nuestra definición antes de leerla:



Berrendo en castaño remendado, listón, bocidorado, ojalado y lavado de cara. Alguno de ustedes quizá discrepe pensando que es sardo. Para nosotros, el sardo tiene que tener los pelos de los tres colores más mezclados (blanco, rojo y negro). 

Vamos con ellos porque, en principio, con decir 'sardo' sería suficiente pero para que alguien que no lo ve se haga una idea correcta del toro, habrá que precisar algún detalle. Por ejemplo, un sardo a secas, o sea, un sardo ordinario, de Miura:



Pero ¿qué me dicen de éste de Sobral?



Habría que precisar que es sardo claro, capirote en castaño, ojalado, lavado de cara y bociblanco. En cambio, sardo oscuro sería éste de Concha y Sierra:



Otro sardo ordinario de la misma ganadería:



Hay una variante curiosísima también en Concha y Sierra que nosotros calificaríamos de 'sardo alunarado' para dar a entender que las manchas de los tres colores forman pequeños lunares. Vean este sardo con Pérez Mota:



Pero es que si lo ven recién salido es hasta chorreado (los amigos argentinos dirían que es 'triple overo con chorreaduras'):



Es muy probable que sea hijo de este semental:



Si han llegado en su lectura hasta aquí, esperamos no haberles mareado demasiado. A veces se puede pensar que lo que a uno le apasiona también debería apasionar a los demás aficionados. No tiene por qué. En la Tauromaquia hay muchos aspectos diferentes en los que cada uno puede mostrar sus preferencias. En este modesto blog intentamos compaginarlos todos o casi todos: la técnica de torear, las faenas del campo, los encastes, la historia del toreo, las crónicas de corridas, los grandes maestros y, hoy, las pintas del toro de lidia.

Ojalá les haya entretenido y no caigan nunca en el error de aquel aficionado de Las Ventas a quien le preguntaron al entrar si sabía en qué consistía un 'marronazo' y dijo 'sí, un toro marrón'.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

domingo, 27 de noviembre de 2016

SOBRE LA SUERTE DE VARAS

¿QUÉ HACEMOS?

Ya saben que, para nosotros, lo fundamental en la lidia son dos cosas: la suerte de varas y la estocada. De lo que pase en medio, nos interesa la verónica, el natural y un buen par de banderillas. Lo demás, exagerando un poco y como decía un aficionado en Las Ventas, son 'pamplinas'.


Dolores Aguirre en Tafalla. El picador se partió la pierna al caer debajo del caballo

Casi todos los blogs taurinos tienen su opinión acerca de dos cuestiones clave: el primer tercio y cargar la suerte (sobre lo segundo ya dimos la nuestra aquí hace un año). Íbamos a comentar ahora nuestras impresiones sobre el citado primer tercio pero no podemos añadir nada más a lo dicho por ese gran aficionado peruano que fue don Fernando Marcet - a quien creo que algunos de los amigos lectores de Zaragoza llegaron a conocer pues estuvo por allí hace más de diez años-.



Al final de este enlace pueden ir a su tratado sobre la suerte de varas. Sería una osadía por nuestra parte intentar enmendarle la plana porque estamos de acuerdo en todo. Es una verdadera Biblia sobre el primer tercio donde encontrarán perlas como ésta, referida al desastre que ha llegado a ser el caballo:


El tercio de varas, tal como se practica en la actualidad, viene arrastrando a la fiesta a su total degeneración. Debería ser lo más importante y bello de la lidia pues permite apreciar las calidades y defectos del toro, pone a prueba su bravura y, cuando se hace bien, corrige su mala forma de embestir.

O esta otra sobre lo de 'descongestionar' al toro de salida:


Jamás acepté aquella teoría de que a un ser vivo que sale a pelear por su vida hay que “hacerle sangre” para descongestionarlo. Con ese criterio habría que romperle una ceja a cada boxeador que sube al cuadrilátero, para que su desempeño sea mejor ¡Una  tontería de marca mayor!

O ésta sobre el monopuyazo tan típicamente español:


Con la simple técnica de contar las veces que el picador sube y baja el codo en una reunión, he llegado a contar hasta treinta y dos puyazos, en uno. De ese primer super puyazo lo frecuente es que el toro salga desconchinflado y que el segundo sea sólo teatro para "cumplir" con el reglamento, cuando de plazas de primera se trata.

O esta última sobre la obligatoriedad de los tres puyazos que compartimos totalmente (va por 'Cobradiezmos' y por todos los demás toros indultados indebidamente):


No me cansaré de repetirlo: Al primer puyazo van todos los toros; al segundo los bravos y los tontos; al tercer puyazo sólo los bravos. Estamos hablando, claro está, de puyazos normales: breves, sin permitir el romaneo al caballo que lo destronca, sólo con el acero sin meter las cuerdas y sin hacer uso de vedadas prácticas como la carioca, el metisaca y el barreneo.

El bueno de Marcet propone sanciones para los picadores, que irían desde una simple multa a la inhabilitación hasta por tres años para participar en cualquier corrida. Se aplicarían en casos de no picar en el morrillo, rectificar el puyazo, tapar la salida a toros no declaradamente mansos o barrenar.



Un amigo nuestro, gran aficionado, nos daba la idea de dotar al presidente de un silbato para hacerlo sonar en cuanto detectase alguna situación alevosa de carnicería en el primer tercio (hagámoslo extensivo a la rueda de peones, a estrellar un toro contra el burladero, al diestro que le perpetra tres medias verónicas consecutivas, etc). 

Nosotros añadiríamos a la idea 100 euros de multa por cada vez que sonase el silbato ¿qué les parece? Ya sabemos que el matador de turno diría al picador: 'aunque el presidente reviente tocando el pito, tranquilo, que las multas las pagaré yo'. Bueno, pues que las pague y que se inhabilite a su picador cuando a lo largo de la temporada llegue a un límite de multas.



Queda claro que lo que dice el señor Marcet va a misa de principio a fin (aquí pueden leer su decálogo). No obstante, añadiremos de nuestra cosecha ciertas preguntas sobre la suerte de varas para terminar con unas sencillas propuestas de fácil cumplimiento.

¿Qué hacemos con la puya? 

Está claro que debería reformarse. Lo que antiguamente era la vara 'de detener' se ha transformado en la vara 'de carnicero'. La puya de limoncillo ya fue una imposición de los picadores en el reglamento de 1880. 

Luego se fue modificando en sucesivos reglamentos y, en general, a peor. El 'lobby' de los picadores siempre ha presionado lo suyo y cada reforma que se ha hecho para mal ya no ha tenido marcha atrás.

Recuerden que comentábamos aquí el plante de los picadores tras la muerte del pobre Montoliú ya que decían que las reformas del reglamento de 1992 hacían que los toros pasasen 'sin picar'...

¿Qué hacemos con el peto?

Aquí tienen el recorte de la Gaceta de Madrid de 9 de febrero de 1928 con su implantación, firmada por Severiano Martínez Anido:



Corrían tiempos de gran influencia animalista sobre todo anglosajona. Al año siguiente se prohibió la asistencia a las corridas a los menores de 14 años. Pero el peto se impuso, como decía Corrochano, 'por urbanidad de la fiesta', con opiniones en contra como ésta que recoge el ABC en 1927:



El peto de hoy es una vergüenza salvo la excepción de los de Bonijol.



Antes, el toro hacía sangre en el caballo y su olor lo volvía loco. Hoy es una lucha desigual por no decir que desesperante para el toro. 


Cuadri en Azpeitia. El puyazo debería ir donde está la divisa ¡en el morrillo!
Guerrita ya decía a sus picadores '¡déjalo que enganche!', refiriéndose a que dejaran que el toro hiciese presa en el caballo para darle así cera abundante. Quedaba olvidado el verdadero varilarguero, que no picador, aquél que venía con su caballo, al que intentaba librar de la cornada deteniendo el toro con la vara y ofreciéndole la salida.

¿Qué hacemos con las líneas?

Antiguamente, el picador prefería salir a los medios porque allí el caballo tenía más escapatoria. Comenzaron las quejas porque los picadores echaban el caballo encima de los toros incluso cobrando de algún ganadero para así facilitar la 'bravura' de sus toros. Esto decía 'Hache' en 1904:



Había otros picadores que se hacían el longuis para no salir a los medios a recibir el batacazo. Lógicamente, con el peto se encontrarán muy a gusto sin pasar la raya.


Córdoba, 1915. Joselito y Posada hacen el quite al picador 'Zurito'. El caballo sólo lleva tapado un ojo.

Nuestra opinión es que el picador que pasa la raya para echarse encima del toro que no acomete es censurable. Pero el que, como Réhabi en este vídeo, a partir del 4'26'', sale a los medios a enfrentarse a un manso con poder sabiendo que se llevará un batacazo, ése es un valiente que hace honor al oro de su chaquetilla, véanlo en el platillo y cayendo luego totalmente al descubierto:




Por cierto, Réhabi es de los pocos que ofrece el pecho del caballo al toro, aquí lo tienen frente a uno de Fraile en Céret:



Lo mismo que otros picadores con los caballazos monstruosos de Madrid ¡pobre toro!:



¿Qué hacemos con el morrillo? 

¡Ay! Esa sí que es una batalla perdida. Hay que picar en el morrillo, o sea, exageradamente delantero para lo que es habitual. No en la cruz, vulgarmente yema, que es el lugar de la estocada. Pero no hay manera. El problema es que los puyazos suelen caer directamente en el lomo y luego vienen las lamentaciones por las descompuestas embestidas de muchos toros en la muleta. En esta lámina antigua sí parece que se pique en el morrillo:



¿Qué hacemos con los caballos? 

En España, nos dijeron de buena tinta que ninguno de los caballos de Peña de Sevilla supera los 620 kilos... si la autoridad está vigilante. Creemos que es la única cuadra medio decente en ese aspecto. Este es 'Destinado', el caballo de las fotos del batacazo anterior de Réhabi en Vic. Le dieron la vuelta al ruedo tras la corrida ¿Creen ustedes que pasa de 600 kilos?



Aquí tienen a Rivas picando a 'Camarito', de Palha, también en Vic. Las cuatro patas del caballo de Bonijol, en el aire:



No les mareamos con más preguntas y vamos con algunas propuestas fáciles de cumplir. Nos olvidaremos de cosas que el 'lobby' de picadores no aceptará ni de broma: cambio de puya, caballos más livianos, petos más flexibles... Pensemos en cosas que se puedan llevar a cabo con un poco de buena voluntad de las autoridades y, fundamentalmente, de los maestros -no de los picadores que, al fin y al cabo, son asalariados del matador-.

1. Eliminar las dos rayas concéntricas. Dejar sólo una pintada a contraquerencia de chiqueros con otras tres pequeñas como si fuera una concurso.

2. Que en el ruedo haya sólo un caballo y así nos evitamos que los maestros y las cuadrillas permitan vergonzosamente que el toro se vaya al otro al relance (Curro Díaz es un 'maestro' en esa desidia). El reserva puede estar esperando en el callejón o en la puerta por si se le necesita. 

3. Todos fuera del ruedo durante el primer tercio excepto el matador de turno, el picador y un subalterno. Así evitamos los despistes del toro, más pendiente de los toreros que del caballo, cuando se arranca hacia ellos con la consiguiente pérdida de tiempo y el abuso de capotazos para volver a ponerlo en suerte. Me dirán ustedes que si hacemos eso nos quedamos sin tercio de quites pero, oigan, ¿cuántos quites hubo en las treinta corridas del pasado san Isidro? Y, si un matador quiere hacer su quite, que salga del callejón y lo haga.


Vean en Vic al subalterno. El maestro queda fuera del encuadre. No hay nadie más.

4. Que sean preceptivas las tres entradas al caballo. Para ello será obligación del matador dosificar el castigo y así tendrá que hacérselo saber al picador. A su vez, la presidencia se lo habrá dicho al matador, recordándole antes del festejo que no cambiará el tercio hasta que el toro haya ido tres veces. Algunos aficionados bastante perdidos dicen que si pones tres veces el toro al caballo no habrá faena de muleta. Error: piensan equivocadamente que serían tres monopuyazos españoles y de lo que se trataría es de dosificar el castigo.

5. Establecer un sistema de multas e inhabilitaciones para los casos clamorosos en que el primer tercio se convierta en una carnicería auspiciada y fomentada por el diestro.

Como ven, son cosas que se pueden hacer poniendo un poco de ganas. La corrida 'total' de Illescas nos da cierta esperanza. Pero ¿no deberían ser 'totales' todas las corridas? 

En resumen, picar bien consistiría en algo tan aparentemente fácil como dar el pecho del caballo, detenerlo echando la vara, clavar en el morrillo, no barrenar y no tapar la salida salvo en casos de mansedumbre manifiesta. Y el maestro, aprovechando que el picador abre al toro con la izquierda, rápido al quite para volver a poner el toro en suerte sin quebrantarlo en exceso.


'Noticiero II', de Hoyo de la Gitana en la concurso de Vic. Lo picó Nicolás Bertoli.


Bah, no somos muy optimistas al respecto de todo lo comentado. Los aficionados modernos sólo quieren ver la muleta, no les importa nada ni el caballo ni la ejecución de la suerte suprema. El problema es que a los críticos, a los matadores y a los picadores también les da igual todo lo que hemos comentado aquí.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



miércoles, 23 de noviembre de 2016

'APLAUSOS' HABLA DE LOS TRINCONES DEL TOREO

Por supuesto que no es la actual revista 'Aplausos', convertida hace tiempo en la Hoja Parroquial Taurina. Nos referimos a este número 330 de 23 de enero de 1984, cuando era una publicación agradable de leer (y con fotos de toros sin fundas):



Antes de seguir, les avisamos de que en esta entrada lo único de nuestra cosecha son los comentarios. Los hechos que se denuncian son responsabilidad única de los que los hicieron públicos o de los medios que los publicaron. 

Aclararemos para algún neófito que los 'trincones' del toreo han sido los críticos que recibían sobres de los toreros. Iban a los vestíbulos de los hoteles a ver qué había 'de lo suyo'. Si no había nada, no tenían piedad y, si había algo, te ponían bien.

En enero de 1984 fue la revista 'Interviú' la que levantó la liebre con un artículo de Diego Bardón. Esta era la portada (les hemos señalado con flechas la noticia para que no se despisten con la señorita Sandrelli):



Paco Camino decía esto a un crítico muy conocido: 'no te acerques a mí, so chorizo. Tú eres un trincón y ahí está mi hermano, que es el que te fue entregando el dinero a lo largo de tantos años'. Tanto Camino como el destinatario de la invectiva están vivos, luego les sacamos de dudas.

Sólo nos referiremos a personas vivas. Como dice el comendador en la escena de Don Giovanni 'lascia ai morti la pace'. Lo decimos porque alguno pensará en Navalón. Él era un sabio de los toros, nadie lo duda, pero nunca fue agua clara. Como ya no está entre nosotros, dejaremos que descanse en paz.

Está muy vivo Curro Romero cuando prohibió 'repartir' más a un crítico que, tras una corrida nefasta del faraón en Guadalajara, puso que había cosechado 'bronca en su primero y gran bronca en su segundo'. El maestro dijo a su apoderado: 'hombre, si trincaba el tío, digo yo que por lo menos podría haber quitado lo de 'gran' al decir que hubo también bronca en el otro... Aquí no se va a repartir más ni un duro' (lo cuenta Antonio Burgos en su excelente biografía de Romero).


Compañerismo de Andrés Vázquez ayudando a Curro a descabellar en la corrida de la Prensa de 1970 cuando estaba a punto de sonar el tercer aviso. El toro es de Benítez Cubero.

Está vivo Jaime Ostos, que protagonizó un escandaloso brindis público al crítico Lozano Sevilla, amigo íntimo de Franco, ojo. Así lo cuenta el maestro:

A Lozano Sevilla le pagábamos los toreros del momento dos millones de pesetas por temporada, para que nos pusiera bien. Pero por lo visto al señor le parecía poco y un día apareció el niño, su hijo, que era un chico muy guapo que se pasaba las horas muertas jugando en el casino, y me dijo que su padre quería más dinero. Bueno, dije, a la vuelta de América hablamos. Pero mira por dónde a mi regreso me entero de que la información que había dado de mi temporada americana nada tenía que ver con lo sucedido. A veces incluso ni me nombraba después de cortar las orejas. Así que le hice saber que ni un duro más. Y empezó a darme leña. Esa tarde de la que hablamos, aprovechando que estaban las cámaras de TVE, le dije que si quería dinero de los toreros se pusiera el vestido de torear y que dejara de robarnos. ¡Nos exigía cuatro millones a los de primera fila! 


Ostos cortó la primera oreja de la feria de Abril de 1958 a éste de Pilar Sánchez Cobaleda

Si se paran ustedes a pensar en la corrupción en el mundo de los toros, van a estar parados un rato largo. Nuestra teoría es que es el ambiente donde hay más golfos por metro cuadrado. En proporción, más que en la política.

De todas las golferías, la más censurable para nosotros es la del crítico trincón o 'sobrecogedor'. Él es quien debería ejercer el magisterio de su conocimiento entre la afición denunciando las trampas y alivios y alabando las cosas bien hechas. Él tendría que ayudarnos a discernir lo que tiene mérito de lo que es pura filfa ante el toro.

Pero no. Cuando el crítico cobra del torero, del ganadero, del apoderado o del empresario está vendiendo sus conocimientos al servicio de cualquiera menos del aficionado, que es a quien debería servir. Eso es lo que nunca le perdonaremos.

Vean lo que decía otro que está vivo y coleando, Eduardo Lozano:



Molés creció a la sombra de Navalón.  Bueno, a la sombra de Navalón y a la más poderosa de Emilio Romero a través de su hija Mariví. Ella también sigue viva y sabe mucho de todo esto. Molés a su vez goza de perfecta salud y recordemos que nació el mismo año en que Pepe Luis Vázquez tomó la alternativa y se presentó en Madrid ante el Reichsführer SS Himmler (lo contábamos aquí hace años).

Molés, con paciencia y habilidad, se ha convertido hace tiempo en el que da y quita, por lo menos hasta este año en que lo han jubilado de las retransmisiones de Canal Plus. Los demás, muerto Vidal, no pasan de ser meros comparsas. Encima, los corifeos de los que se ha rodeado Molés siempre le han bailado el agua para defender entre todos sus lentejas.

¡Qué gran ocasión se ha perdido con Canal Plus para ejercer ese magisterio a que nos referíamos antes! Tendrían que haber escogido comentaristas independientes.  Con dos sería suficiente: un ex torero que contase la historia desde el punto de vista del diestro y un ganadero que las explicara desde el del toro. Pero con la condición de que ambos estuvieran alejados del mundillo, esa es la clave.


Linares en la feria del Corpus de Granada con un toro de Sepúlveda (1973)

Ustedes me insistirán 'sí, pero ¿qué hacemos con los comentarios de Molés?' No habría que hacer nada, señores, porque Molés es uno que de toros lo sabe todo o casi todo. Su delito es que criticaba en unos lo que en otros callaba ¿Por qué ese diferente rasero?

Otro que está vivo, Palomo Linares, dice esto:



¿Creen ustedes que la cosa cambiará con la nueva etapa de Canal Plus? Sí, probablemente a peor. La cosa no tiene solución porque hay muchos intereses. No puedes criticar a la figura de turno porque luego te concede una entrevista. No puedes criticar al ganadero porque hay que hacer un reportaje en su finca. No puedes criticar a la empresa porque te dirán que eres un terrorista que vas a reventar el espectáculo. Y no puedes criticar al público porque algún día te irán a esperar a la puerta.


Camino en Pamplona en 1973. Mata a este de Martínez Elizondo sin cruzar y alargando el brazo para darse ventaja (como hoy casi todos, con la diferencia de que entonces se comentó su 'zorrería al alargar el brazo')

Se trata de una batalla perdida y es una lástima. Acabamos con el documento de Paco Camino del comienzo. Pero lo escaneamos directamente de aquel número de 'Aplausos' de 1984 para que no haya dudas:



Insistimos en que los hechos denunciados son cosa de los denunciantes y de los medios que se hicieron eco en su día, o sea, 'Interviú' y 'Aplausos'. Nosotros nos hemos limitado a recordarlos y a comentarlos sin más.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.